México, con un pie afuera, su crónica

Estoy en el aeropuerto internacional de la cuidad de México. Mi vuelo, programado para las 8pm, saldrá 11pm por esas cosas de los aviones que uno nunca entenderá.

Después de caminar medio aeropuerto conseguí donde sentarme y escribir este post. El tema es que no tengo electricidad de momento, así puede que esto se acabe abruptamente.

Entre la chorrera de cosas para hacer se encuentra el tema de ordenar y etiquetar las fotos de la última semana. Esto refrescará mi memoria (espero) y me permitirá escribir una crónica de la última semana. Han sido días cansadores, porque lo que no daba muchas ganas abrir el portátil cada noche.

Empecemos por el principio, que es por donde se empiezan las cosas:

Lunes

El plan original era salir de Oaxtepec (donde tuvo lugar la DebConf) hacia la cuidad de México el día lunes. Pero Sebastián y yo creímos que sería más práctico amanecer en DF el lunes, por lo que conseguimos que un mexicano nos llevara a lo de Tato el domingo a la madrugada. Empezamos el día relativamente temprano y después de una larga explicación de como llegar al centro rumbeamos hacia allí. Conocimos el Monumento a la Revolución y vagabundeamos hasta el Zócalo. El lunes es el día que cierran todos los museos, por lo que mayormente fue patear la calle. Aprendí que la referencia “División del Norte” no es suficiente para llegar a lo de Tato, porque la gente la conoce como “Prolongación” (de División del Norte, claro está). Al volver a lo de Tato, estaban Nueces y Machu acompañados de Tukka, Hanna y Uli. Ellos iban a ser roomates por unos días y salimos a comer. Sebastián y Machu optaron por cocinar algo en casa.

Martes

La mañana empezó con el Bosque Chapultepec. En este bosque se encuentra el Museo de Antropología un enorme lugar con las más grande variedad de objetos prehispánicos. Aprendí que el cascote que toda la vida pensé que era el Calendario Azteca no es un calendario. El elemento en cuestión es llamado Piedra del Sol y si bien contiene algunas palabras en referencia a los meses (por lo que en un principio se sospechó que era un calendario) no sirve para medir el tiempo. Después salimos a pasear por el Paseo de la Reforma. A la noche nos comimos unos altos capeletinis,.

Miércoles

Salí con Sebastián. Marcela se quedó en la casa y Nueces salió con Uli más tarde, porque se quedaron despiertos hasta la madrugada. Hanna y Tukka tienen vuelo a Finlandia poco después del mediodía. El lugar elegido fue el Palacio Nacional, lugar donde se suponía que debían vivir los presidentes, aunque solo Benito Juarez lo hizo y ahora es un juntadero de entes estatales. Lo bueno es que además de haber estatales hay murales de Diego Rivera, y de los lindos. Existen en el lugar guías gratuitos, pero los guías privados los boicotean y muchas excursiones gratuitas son poco anunciadas. Por suerte la picardía criolla jugó de nuestro lado y Rafa fue nuestro anfitrión libre de costo. Junto con una pareja de gallegos salimos a recorrer las salas y murales. Muy lindo y constructivo. El palacio en cuestión está sobre las ruinas de la que alguna vez fue la casa del cacique azteca. Toda la parte del Zócalo está sobre lo que eran edificios aztecas. Unos de estos edificios es el Templo Mayor, paradójicamente cercana a la catedral. El Templo Mayor era el centro religioso y cada cierto tiempo le agregaban como una capa para hacerlo más grande. También lo visitamos y recorrimos su museo. Aprendí que nunca hay que tirar una credencial de estudiante vencida, siempre va a existir alguien que no va a mirar la fecha y te permitirá la entrada gratuita. Por detrás de la Catedral existe una calle llamada Tacuba, sobre esa calle existe un café. El café tiene por nombre “Café de Tacuba” y si bien no logramos encontrarle alguna relación con el grupo “CafeTacuba” es un lugar típico y pintoresco en el que me tomé un chocolate caliente. La última parada fue la Plaza Garibaldi, lugar donde se convocan montones de Mariachis en busca de clientela. Como era temprano para ver algo de espectáculo volvimos a lo de Tato. Allí estaba Damog y con Ana, Nueces y Marcela fuimos a cenar a un BurgerKing. Después levantamos a un venezolano amigo y volvimos todos a la Plaza Garibaldi, ahora en su hora de esplendor. Sumamente divertido.

Jueves

Amanecimos inusualmente temprano para ser que nos acostamos a la hora que nos acostamos. Fuimos a desayunar a una linda panadería cerca de lo de Tato y partimos rumbo al destino del día: Villa Guadalupe. No es difícil de imaginar que ahí es donde se encuentra la Basílica de Guadalupe. Por innovar en la ruta tardamos bastante en ir y asumo 100% la responsabilidad. Lo bueno es que tuvimos oportunidad de atravesar la Cuidad Universitaria en un transporte interno y de paso conocer la increíble UNAM. Doce kilómetros cuadrados de campus universitario con un cuarto de millón de estudiantes. Un lugar fascinante. A las dos horas de viaje llegamos a Villa Guadalupe, conocimos la basílica y sus interminables negocios de artículos religiosos dispuestos de manera grotesca por doquier. Tato nos había contado que el Jueves es el día que el Museo del Niño abre sus puertas a los que ya están creciditos, por lo que después de conocer todos los templos y lugares fuimos para allá. El museo en cuestión, también conocido como Papalote tiene una pantalla IMAX y un Domo de proyecciones, ambos espectáculos fascinantes e incluidos por una módica suma. En el museo propiamente dicho hay de esas cosas con las que uno se vuelve a sentir un chico. Fuimos a un taller de reciclado de papel y a otro de fabricación de juguetes. Toboganes interminables y juegos para pasarse todo el día. Claro, en algún momento cierran y uno se va pataleando como un gurí.

Viernes

Volvimos a desayunar en la misma panadería. Como estábamos podridos de caminar decidimos tomar algo que se llama Turibus. No es ni más ni menos que un bondi grande que conecta los lugar turísticos mientras una voz impostada en los auriculares va comentando que hay a izquierda y derecha. La ventaja adicional es que permite bajarse en paradas preestablecidas y retomar desde ese lugar en el próximo bus dentro de unos 40 minutos. Una buena oportunidad para hacer un summary de la cuidad. A la noche había quedado en encontrarme con Flavio, un viejo amigo que está viviendo en la cuidad desde hace poco más de un año. Salimos junto con su novia y un par de amigos a tomar algunas cervezas y a ponernos al día.

Sábado

Día de alta pachorra. Lo poco que incluyó fue una larga expedición a lo que creíamos el Pizza Hut más cercano. Después, aeropuerto. Aquí me hallo, esperando mi avión. Me dieron un vale para cenar en un restorán del aeropuerto, cosa que haré en breve, no por hambre sino por aburrimiento.

Algunas cosas que aprendí de esta cuidad:
- La gastronomía mexicana es bastante limitada si uno es sensible a los picantes. No hay mucho para elegir fuera de algo que te convierta en un dragón escupefuego.
- El transporte público es malísimo. Pequeñas combis hacen lo que pueden, trayendo y llevando a pasajeros entre las terminales de metro.
- Siempre que uno esté dispuesto a caminar debe llevar mucha agua.
- Por momentos esta cuidad se confunde con el centro comercial de Berlín; y por otros, con los más oscuros suburbios de conurbano bonaerense. Hay México para todos los gustos y bolsillos.
- Nunca se debe pagar el primer precio que el comerciante dice. Acá se regatea todo. A uno lo ven con acento extranjero y creen que está forrado. He llegado a cerrar en 200 algo que había empezado en 500.
- Gran parte de la sociedad está basada en las propinas. Es algo a lo que ya me costaba acostumbrarme en Oaxtepec, pero en la cuidad se evidencia aún más. Propinas para el que carga combustible, para el que embolsa en el supermercado, para el que te alcanza una cerveza en un bar o trapea el piso.

Cuando uno piensa en países exóticos no pondría a México en la lista. Pero la realidad es que por momentos es un lugar muy raro.

UPDATE: 29-05-2006 13:05hs: Corregí muchos errores de tipeo y de redacción. Agregué links.