Quote of the GET: Programming today is a race between software engineers striving to build bigger and better idiot-proof programs, and the universe trying to build bigger and better idiots. So far, the universe is winning. Rick Cook

Archive for June, 2012

Mi abuelo y su siesta

El último año nuevo estuve con mi familia en una quinta, cerca de Zárate, donde pasamos algunas semanas, fiestas incluidas.

Una de las tardes, no recuerdo con exactitud cual, mi abuelo Cocó se despertó algo confundido de la siesta y lo ayudé a levantarse. De camino al baño lo noté desorientado, por lo que le comenté:
- Estamos en la quinta, te acabás de levantar de la siesta.
Mi abuelo siempre tuvo un sentido del humor muy particular. Después de una pausa observó:
- Parece que sigo vivo…
Le sonreí,
- Sí. Así parece.
Levantó la mirada y me devolvió la sonrisa. Se lo veía cansado. No ese agotamiento de quién se rinde. Sino del quién se considera hecho, sabiéndose con el deber cumplido de haber cosechado todo lo que sembró.
- Qué lindo sería… qué lindo algún día irse a dormir la siesta y no levantarse más.

Hoy esa tan esperada siesta llegó, tal como lo planeó.

Mi abuelo Cocó fue de las personas más admirables que conocí en mi vida. Disfrutaba de cosas muy sencillas, como escuchar y releer letras de tangos, salir a pasear en auto o ir a tomar mate a la rotonda. A la vez era extremadamente complejo, inquieto y curioso.

De empresario a inventor, pasando por mecánico, transportista, herrero y cerrajero, parecía querer entender como funcionaba cada detalle del mundo que lo rodeaba; lo que hoy sería un hacker, en el sentido más romántico e inmaculado de la palabra.

Siempre andaba buscando algo que leer. Solía levantarse asegurando que, durante la noche, había encontrado la forma de solucionar ese problema que parecía imposible el día anterior. Construía herramientas para construir piezas con las que después construía cosas. Modificó un colectivo (un 1114) transformándolo en una casa rodante para llevar a pasear a sus nietos. Fabricó un triciclo motorizado de la nada (hasta las llantas eran caseras) y lo hizo con pedales “para que aprendamos a manejar”. En su taller, mi primo y yo pasábamos veranos enteros y él nos enseñaba a usar herramientas mientras hacíamos nuestros propios juguetes. Recuerdo que de un taco de madera hicimos el casco de un barquito (después de mucho cincel, cepillo y lija) y que transformó un reloj despertador a cuerda en un motor que movía una hélice hecha de lata.

Fue el mejor profesor que tuve y sus enseñanzas tienen una increíble aplicabilidad diaria. Cuando no sé si algo puede tener o no electricidad, le arrimo el dorsal de la mano mientras pienso que así lo hace el abuelo. Frases como “se lo hacemos de acero inoxidable”, “medir dos veces y cortar una” o “si no existe, se inventa” eran ya sus clásicos.

Cuando alguien hace alguna referencia a que mi calvicie no parece haber venido en los genes de mi viejo, suelo contestar “mi abuelo materno es pelado”, mientras me digo a mí mismo: “y espero tener la suerte de que la falta de pelo incluya al menos una centésima parte de su sapiencia”.

Ser nieto de mi abuelo Cocó ha sido un orgullo en sí mismo.

Lo voy a extrañar muchísimo.

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